La Candelaria: acción de gracias por el tesoro de la Vida Consagrada

· Autor: ACI Prensa

Por Rubén Amor

"Y es precisamente esa alegría la que siempre podemos percibir en los rostros afables de estas personas que, dejando todo lo demás aparte, consagraron sus vidas a Dios, para desde Dios atender a todo lo demás"

Cerca de un centenar de personas acudieron el pasado día 1 de febrero, víspera de La Candelaria, a la “Jornada Mundial de la Vida Consagrada” en la S.I.B. Catedral de Mondoñedo, respondiendo a la llamada del Sr. Obispo de la diócesis Mondoñedo-Ferrol, don Luis Ángel de las Heras Berzal, CMF (1), que celebró también dicha jornada, al día siguiente, en la Concatedral de Ferrol; manifestando, así, de forma más que evidente, su deseo de estar lo más cerca posible de todos los fieles y, en particular en esta ocasión, de todas las órdenes y congregaciones que se reparten por toda la diócesis.

Como indicaba, en la convocatoria de esta jornada, el vicario diocesano para la Vida Consagrada, don Gonzalo Folgueira Fernández, no se trata únicamente de “una celebración de las personas consagradas, sino de todo el Pueblo de Dios, que agradece al Señor este don, lo aprecia y valora. (…) Nos sentimos llamados a dar gracias a Dios especialmente por las comunidades y personas consagradas de nuestra diócesis, que son motivo de gozo y esperanza para la Iglesia de Mondoñedo-Ferrol”.

El señor obispo comenzó la ceremonia explicando el hondo significado de la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor en el templo, cuarenta días tras su Nacimiento. Esta festividad del 2 de febrero fue elegida, no por casualidad, por san Juan Pablo II para rendir el debido homenaje a todas aquellas personas que consagran su vida a Dios, y viene celebrándose desde el año 1997. Tras sus palabras iniciales, monseñor De las Heras invitó a los fieles a proceder al encendido de las velas que habían sido repartidas previamente “para caminar por la senda del bien, para poder llegar a la vida eterna” y recorrió la nave central de la Catedral bendiciendo los cirios de los asistentes.

La primera de las lecturas escogidas para este día, del profeta Malaquías, nos introducía ya en una de las reflexiones clave de esta conmemoración: “Así dice el Señor Dios: Mirad, yo envío mi mensajero, para que prepare el camino ante mí. De pronto entrará en el santuario el Señor a quien vosotros buscáis, el mensajero de la alianza que vosotros deseáis”. Don Luis Ángel recogería esta idea, posteriormente, en su homilía, explicándonos que del mismo modo que Jesucristo, “mensajero entre Dios y los hombres”, fue presentado en el templo de Jerusalén y se convirtió en ofrenda agradable a Dios, las personas consagradas “portan la luz de la esperanza y la alegría y se convierten, igualmente, en mensajeros de la alianza, ofrendas agradables a Dios, consagrándose al Señor”.

No en vano, el lema este año en España para esta Jornada Mundial es “Testigos de la Esperanza y la Alegría”. Seguro que a cada uno de nosotros se le podrían ocurrir diferentes formulaciones para expresar todo aquello que se nos viene a la mente cuando reflexionamos, ya sea a solas o con alguna persona amiga, sobre la labor tan fundamental que realizan todos estos cristianos que un día decidieron, por supuesto bajo la inspiración del Espíritu Santo, consagrar su vida al Señor. Poca gente podrá haber que, tal vez aún estando apartados de la Iglesia, no conozca a una monja, a un fraile, a un sacerdote que le haya dejado una impronta en su vida, ya sea por la labor diaria y tantas veces oscura que este consagrado realice, como por algún momento concreto de la vida en el que hayamos necesitado una ayuda, un gesto, un consuelo, una palabra de apoyo por parte de alguno de estos hombres y mujeres de Dios. Y si a alguien le cuesta recordar, que simplemente encienda la tele y se fije, en casi cualquier informativo, en la ardua tarea de esos misioneros que permanecen en países o zonas en guerra cuando allí sólo quedan los que no tienen oportunidad alguna de marcharse.

En nuestra diócesis, afortunadamente contamos con muchas personas consagradas, más de doscientas”, señalaba don Luis Ángel. Y no sé quedó ahí, sino que quiso recordarlas a todas; lógicamente, no por sus nombres y apellidos, sino por los nombres y apellidos de sus órdenes, congregaciones o instituciones. Y es probable que gran parte de los que asistíamos a la celebración en Mondoñedo y de los que asistieron, al día siguiente, en Ferrol nos quedásemos sorprendidos ante la imponente lista que nuestro obispo fue relatando durante unos cuantos minutos: comenzando por las órdenes de vida contemplativa y pasando por los institutos seculares, para finalizar con los institutos y congregaciones de vida apostólica activa; hasta un total de 31, nada más y nada menos. “Mucha riqueza que agradecer, enfatizaba por dos veces Mons. De las Heras durante su homilía (2), para más adelante añadir “valoremos tanto tesoro; apreciemos y conozcamos mejor este don de la vida consagrada (…) Que, a través de las personas y comunidades consagradas, experimentemos como el Señor bendice a su Iglesia, a cada uno de los bautizados, con alegría y esperanza”. Esa misma alegría que es, al fin y al cabo, la alegría del Evangelio, la alegría a la que nos invita el papa Francisco (3), la alegría que “llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”. Y es precisamente esa alegría la que siempre podemos percibir en los rostros afables de estas personas que, dejando todo lo demás aparte, consagraron sus vidas a Dios, para desde Dios atender a todo lo demás. Jamás veremos reflejado en sus caras ni amargura, ni tristeza, ni desasosiego, porque, como decía Santa Teresa, “quien a Dios tiene, nada le falta. Solo Dios basta”.

Tomemos como ejemplo y testimonio de esperanza y alegría cualquiera de estas comunidades consagradas que tan cercanas nos son, las Madres Concepcionistas Franciscanas, las Hermanas de Marta y María, las Clarisas, las Hijas de la Caridad, Hermanitas de los Ancianos Desamparados, por citar tan sólo alguna (y con permiso de todas las demás), y seamos nosotros también cristianos alegres y esperanzados. Dios no quiere cristianos tristes ni apocados; nos quiere plenos de ánimo y llenos de su Espíritu. “Nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor”, Pablo VI dixit (4).

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1. C.M.F. Cordis Mariae Filius, nombre latino de la Congregación de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María, popularmente conocidos como Claretianos, debido a su fundador, San Antonio María Claret, quien creó la orden en el año 1849.
2. El listado completo puede consultarse en la homilía íntegra que se recoge en esta misma página web bajo el título Mons. De la Heras: “Las personas consagradas sois motivo de esperanza y alegría para esta diócesis”.
3. Evangelii Gaudium. La alegría del Evangelio. Exhortación Apostólica del Papa Francisco. 2013.
4. Gaudete in Domino. Exhortación Apostólica del Papa Pablo VI. 1975.

Publicado: 06/02/2017: 511
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