Segundo L. Pérez

Por Ramón Loureiro

"No se piensa tanto, sin embargo, en la intensa labor que Pérez López llevó a cabo durante décadas en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol"

Cuando se menciona el nombre de Segundo Leonardo Pérez López, de uno de los más brillantes teólogos españoles, hoy se piensa sobre todo en Santiago. Y es lógico. Porque, como deán de la catedral compostelana, no solo ha logrado que el templo pueda ser sometido por fin a la magna rehabilitación que precisaba con urgencia desde el siglo pasado, sino que ha hecho algo que, en mi opinión particular, es aún mucho más importante: devolver la ciudad de Santiago al centro de ese universo espiritual del que nació lo que hoy llamamos Europa, y que antaño se llamaba -permítanme decirlo en gallego, que es la única lengua en la que recuerdo la voz de mi madre- a Cristiandade. No se piensa tanto, sin embargo, en la intensa labor que Pérez López llevó a cabo durante décadas en la diócesis de Mondoñedo-Ferrol. Una labor impagable en ámbitos como el pastoral, el cultural, el educativo y, de manera muy especial, en el del compromiso con los desfavorecidos, en el de la entrega a quienes nada tienen. Buen conocedor de las mil realidades de la Galicia del norte -nació en San Pedro do Buriz, en la Terra Chá, cuyo templo restauró y sigue cuidando; en Mondoñedo fue desde seminarista hasta rector del Seminario, además de canónigo; y uno de sus primeros destinos como sacerdote fue la parroquia ferrolana de Caranza-, Segundo, catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca, encarna una visión de la Iglesia en permanente diálogo con el mundo. Ahora, y, tras un pequeño paréntesis obligado por razones de salud, ya está de nuevo en marcha. Ese río blanco del firmamento que es la Vía Láctea, espejo del Camino de Santiago, ilumina cuanto ha creado.

Reseña publicada en la edición de A Mariña de La Voz de Galicia (04.07.2017)

Publicado: 04/07/2017: 1444
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