Es hora de orar

· Autor: C. Kalley

Artículo realizado por María, feligresa de la unidad pastoral de San Martiño de Xuvia

"La oración, como todo acto de amor, es una experiencia personal, única, nadie puede vivirla por otro"
Presentación: es hora de orar

La oración es la respuesta que nos sale del corazón, cuando nos ponemos ante Dios, aquel que nos creó a su imagen. Una multitud inmensa de creyentes nos han llevado al encuentro con Dios, a esos orantes antes de todos los tiempos que encontramos el fundamento de nuestra oración.

El Espíritu Santo que ahora a nosotros, nos hace comprender los acontecimientos que forman nuestro vivir diario. La oración es hoy una realidad en crisis, abandono de la oración vivida como adoración y súplica confiada al Padre; el mundo se mueve por criterios de actividad, trabajo y rendimiento, y olvida lo transcendente, lo espiritual, lo gratuito, se deja la oración como encuentro personal con Dios, para cuando el tiempo lo permita.

Queremos que Dios venga, pero no esperamos encontrarlo " aquí y ahora", no sabemos esperar y escuchar, esa voz suave que habita en nuestro interior, que nos aporta calma y orientación, para responder con esa confianza, que nos lleva más allá de nuestras dudas.

La vida humana es compleja; de lucha y paz, no tiene porque ser una carga que haya que resolver, sino una bendición que hay que aceptar; la oración nace del deseo de Dios, que nos transforma.
 

Primero. Qué es orar

La oración, como todo acto de amor, es una experiencia personal, única, nadie puede vivirla por otro, yo miro a Dios amándolo, es buscarlo mas allá de libros o frases, es entrar en relación con Dios, a quién tenemos acceso por Jesucristo y por la acción del Espíritu Santo, se entrega a nosotros por amor, orar es ponernos en camino todos los días hacia la "tierra prometida", nos dice que lo importante es nuestra actitud interior sincera amorosa, ante el Padre, Dios es amor y está pendiente de cada uno de nosotros, para dar sentido a nuestra vida; la oración es experiencia de amor, que transforma a quienes aman, que engendra personas nuevas porque afecta a todo su ser y los mueve a dar una respuesta de amor: "Vivir sin orar es vivir sin la mejor compañía, sin conocer la paz, la seguridad y la confianza que sólo pueden brotar de Dios. La oración del hombre humilde, es la debilidad de Dios".
 

Segundo. Israel, un pueblo elegido: de este pueblo surgirá la salvación para todos los pueblos

La fe de Israel es histórica; su único Dios se fue revelando a través de sucesivas intervenciones en momentos importantes de su historia. El destierro supuso un drama en la vida y en la fe del pueblo judío; aquello en que se apoyaba, se sentía orgulloso de sus señas de identidad, se vino abajo la tierra de la promesa, la monarquía, la Ciudad Santa, el templo, el culto; la Biblia ha recogido estos sentimientos de frustración y esta crisis de fe en las palabras de los profetas y en los salmos. Nosotros formamos parte de aquellos a quienes Dios dijo: "vosotros sois mi pueblo y yo soy vuestro Dios", que nos ama, que nos transforma; un Dios atento a nuestras súplicas, que oye, mira, recuerda, acompaña, ayuda y bendice, el Señor te llama a ser parte de su pueblo y lo hace con gran respeto y amor.
 

Tercero. Un pueblo en camino

-¡Abraham, sal de tu tierra!. Moisés hacia la tierra prometida. Con el comienza la alianza de Dios con su pueblo, ¡haré de tí una gran nación!, la fe se hace obediencia, esa actitud de confianza personal a Dios, que liberó a Israel de la esclavitud de Egipto, es el artículo más importante de la fe del Antiguo Testamento.

Un largo camino, durante cuarenta años a través del desierto, de peregrinar sin tregua por un desierto inmenso, lleno de peligros, de soledad, de sed, de hambre y miedos, todo esto representa la cara sombría del pueblo elegido a través del desierto; pero el desierto tiene también otra cara abierta a la esperanza, el Señor acompaña su pueblo, lo alimenta con el maná, lo conduce como un pastor a su rebaño, hace brotar el agua de la roca, lo protege con una nube de sol, y hace una alianza con el más pequeño de todos los pueblos, constituyéndolo como el pueblo de su propiedad, y le entrega la ley como signo de su amor y su lealtad, la experiencia del pueblo elegido en camino, nos ofrece luz para iluminar los caminos que el Señor quiere que recorramos. "Cuando el camino me canse, no te pido que me hables, sino que me des la mano".
 

Cuarto. Abraham. La necesidad de contarle a Dios las cosas que nos pasan

Abraham es el hombre que supo vivir en la presencia de Dios, en el "aquí estoy, aquí me tienes", en una actitud de obediencia y fidelidad a Dios. Sale de Ur de Caldea, su patria, con su familia hacia un país que no conoce y un futuro desconocido, no se apoya en sí mismo ni en los méritos de los hombres, sino en la promesa de Dios, "Haré de tí una gran nación, te bendeciré", mira al cielo y cuenta las estrellas, si puedes contarlas, así será tu descendencia, el diálogo entre Abraham y Dios ensalza la justicia de Dios y el poder de la oración, cuando el Dios en que ha confiado le da a su hijo, éste le pide un nuevo gesto de obediencia; el sacrificio de Isaac, y Abraham responde obedeciendo y confiando, aún no entiendo nada.

Nos enseña a orar, a vivir en diálogo con Dios a partir de las promesas, que cada vez que vamos a orar el Señor ya nos está esperando; que nuestra oración es un intercambio con Aquel de quien nos podemos fiar porque nos ama.

Para Abraham, y para nosotros, orar es entrar en el desierto donde no hay caminos, pero con la certeza de que Dios nos acompaña y nunca nos abandona, orar es sembrar semillas en la noche, llenar de luz las oscuridades y las sombras, es regar cada día la flor de la esperanza; en la historia de Abraham aprendemos a encontrar a un Dios sin fronteras, a invocar su nombre, a entrar en su presencia, a escuchar y hacer lo que Él nos pide; preciosa historia la de Abraham, porque no está escrita para brillar por sí misma, sino para enseñarnos a orar, a vivir como creyentes en la presencia de Dios. "No existen educadores, sino personas que muestran a otras lo que hacen ellas para
educarse a sí mismas".
 

Quinto. Jacob. En las batallas de cada día buscó el rostro de Dios

La apasionante historia de Jacob, soñó con una escalera, que plantada en la tierra, llegaba hasta el cielo y por la que subían y bajaban ángeles, Jacob se despertó lleno de asombro y llamó a aquel lugar: "morada de Dios".

Jacob da nombre a su pueblo: Israel, y es el antecesor de las doce tribus, su vida está marcada por dos encuentros con Dios; el sueño de Betel y el combate con Dios en el valle de Yaboc, separados por veinte años uno de otro. Es un hombre que nos enseña a buscar el rostro de Dios, en los acontecimientos de cada día, a superar dificultades: Dios está ahí, y nos habla, no está en lo alto de la escalera, sino que está junto a cada uno de nosotros como estuvo junto a Jacob. El mundo de Dios y el nuestro están en contacto, por la que todos tenemos acceso a Dios Padre. Es entonces cuando orar de verdad, no se deja llevar de sus valores personales, ante el gran combate que se le viene encima, se humilla ante el Señor, se queda solo y lucha con un hombre hasta el amanecer, le dice: "suéltame que llega la aurora". Jacob respondió: "no te soltaré hasta que me bendigas".

Ya no te llamarás Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios. Con su fe y su oración, superó la prueba en la noche oscura, Jacob nos enseña a buscar el rostro de Dios en las batallas de cada día.

El Señor libera, acompaña, elige, perdona, transforma, abre las puertas de la vida, como a Jacob se nos pide la prueba de la fidelidad, perseverar en la oración; por Aquel a quien tratamos de llegar; todos los días trata de llegar a nosotros y nos promete: "no temáis, yo he vencido al mundo".

Características de toda la oración y de toda la prueba son: la paciencia, la perseverancia, la confianza; las tres son camino de una esperanza que no defrauda. La paciencia es una virtud que nos enseña a saber esperar el tiempo de Dios para que todas sus promesas, que colma nuestras esperanzas, se cumplan. La perseverancia nos hace comprender que la búsqueda de Dios es un proyecto que dura toda la vida; no es una respuesta inmediata a nuestra oración, sino una luz que brilla en nuestro interior para guiarnos, día a día, a través de nuestras preocupaciones. La confianza nos da fuerzas para afrontar lo desconocido, nos guía en el vacío de la vida con la esperanza puesta en el Dios de las sorpresas y con una sonrisa en nuestro rostro. Jacob no esperaba nada maravilloso en Betel, era un lugar como los otros, solitario e incómodo, era de noche y había que dormir sobre el duro suelo; pero allí le aguardaba un sueño maravilloso, estaba Dios esperándolo, nos espera en cada uno de los momentos y circunstancias de cada día para decirnos como a Jacob: "Yo estoy contigo y te bendeciré a donde quiera que vayas, y no te abandonaré". Ora en la necesidad y sepas orar también, en la plenitud de tu alegría y en los días de abundancia.
 

Sexto. Moisés: interceder por un pueblo de dura cerviz

Con Moisés la promesa se hace realidad, en el Sinaí, con la entrega de la ley, la alianza se ratifica, Dios viene hasta el hombre, hace un pacto con él, se compromete a llevarlo a la tierra que había prometido a Abraham, el Señor se adelanta a liberar al pueblo, porque Dios se adelanta siempre a amarnos, nos ama antes de que le conozcamos.

Los cuatro libros de Pentateuco hablan de Moisés y le presentan como un hombre de oración, como profeta y como legislador de Israel se adentrará, cada vez más profundamente en la intimidad con Dios, al mismo tiempo que irá recorriendo las periferias de su mundo; incluso morirá en las fronteras de la tierra prometida, contemplándola desde el monte Nebo. El Señor lo eligió para liberar a los israelitas, pero Moisés no se siente preparado para la misión que le encomienda, pensamos que los proyectos de Dios salen adelante por nuestros esfuerzos humanos, y no es así, triunfan cuando utilizamos los medios que Dios nos regala; la humildad, la oración, la gracia, el servicio y la entrega. La historia de Israel es hoy para nosotros prototipo de una humanidad que busca el cumplimiento de sus anhelos más profundos, Jesús es el nuevo Moisés, presencia de Dios en medio de nosotros, es el Profeta de la nueva ley, el Maestro que nos enseña a vivir el evangelio, de las Bienaventuranzas proclamando en esa montaña que representa el nuevo Sinaí. Moisés nos enseña tres actitudes del hombre respecto a Dios, la oración, la alabanza, es el hombre de la intersección y de la acción.

Orar es abrirse a la trascendencia de Dios, entrar en su presencia, responder a su llamada, la alabanza es adoración asociada a la intercesión porque está arraigada en la vida y en los acontecimientos. "Haz to lo que puedas, pide lo que no puedas, y Dios te dará para que puedas".
 

Séptimo. Los salmos: la experiencia orante

Es el libro más usado de la Biblia en los últimos tres mil años por judíos y cristianos, en principio se llamaba: "Libro de las Alabanzas", se conoce también como "Salterio", porque éste era el instrumento más usado para cantarlos en comunidad, en el Antiguo Testamento, era el libro oficial de himnos, en el templo y en la sinagoga; hoy la Iglesia lo mantiene como libro de oración en el Oficio Divino y en la Santa Misa, en los Salmos palpita la historia del corazón del hombre de ayer y de hoy, y de todos los tiempos; son también la ternura y misericordia de Dios para nosotros; en los salmos están grabadas las experiencias de la fe del pueblo de Dios que aclama, canta, agradece, suplica, busca y anhela al Señor; "dichoso el hombre", esta es la primera palabra que Dios nos dirige, porque no se desentiende de nosotros, nos ama mostrándonos el camino de la vida, toda la realidad del creyente confluye en estas oraciones, que el pueblo de Israel primero y la iglesia después, asumieron como mediación privilegiada de relación con Dios y como respuesta a su revelación en la historia; quien reza los salmos habla a Dios con las mismas palabras que Él pone en nuestros labios, se dirige a Dios con los

sentimientos que Él mismo hace brotar en nuestro corazón, nos enseña a dar gracias, a celebrar la grandeza de Dios, a reconocer la belleza de sus obras. "La oración es música callada y soledad sonora; es un grito amoroso dicho en silencio y manifestado con constancia, es esperar para encontrar, hablar para callar, decir para escuchar".
 

Octavo. Un pueblo en el desierto

La experiencia que Israel tuvo de Yavé en el desierto marcó su identidad para siempre, por la alianza pasó a convertirse en el pueblo de su propiedad, su tarea y su misión desde ese momento consistía en convertirse en testigo del amor de Dios que le había liberado; la salida de Egipto, el camino a través del desierto y la entrada en la tierra prometida formaron parte del acontecimiento salvador de Dios.

Dos son los desiertos bíblicos en Tierra Santa: el desierto de Judá, al sureste de Jerusalén, limitando con el Jordán y mar Muerto, y del desierto del Heguev, situado más al sur, entre la depresión delAravá a oriente y la frontera egipcia a occidente. Al sur, antes de llegar a Eilat, están los desiertos bíblicos de Zin y de Farán. Dios estaba con el pueblo, pero de un modo velado, esto los llevó a no fiarse de Él, el desierto, desde el primer momento dió vértigo y llenó de temor y recelo a los israelitas, hasta el punto de añorar las cebollas de Egipto, símbolo de la servidumbre y de la esclavitud. La palabra hebrea para designar el desierto es "Midbar", que significa, "conducir o apacentar", y el término que mejor lo traduciría sería "páramo"; de la misma raíz proviene el vocablo "Dabar", que significa "palabra". El desierto es el lugar de la Palabra que crea, saca a la luz, da nombre y hace suyo todo, el desierto ayuda a comprender toda la Historia de Salvación que en él se revela, es el comienzo de una nueva vida; en él se hace la primera alianza, al desierto se retira Elías para renovarla, y será el lugar de purificación para Oseas, el Bautista predicaba la conversión y exhorta a preparar el camino al Señor, y en el desierto, llevado por el Espíritu, comienza Jesús su vida pública. "Soy consciente de que la voz de la Iglesia es a veces, la voz que grita en el desierto".
 

Noveno. Subir al monte. Dios me da una ley para vivir

El monte es el lugar de encuentro con Dios, es escenario de las grandes "teofanías"; manifestaciones de Dios. Subir al monte supone un esfuerzo, hay que elevarse por encima de aquello que nos mantiene apegados al suelo, subir es todo un proceso personal, sólo quien lo vive lo entiende, es una gracia especial, sólo el pobre de spíritu la recibe, a Jesús le gustaba rezar en el monte, para sentir la presencia cercana del Padre. Montes significativos: Horeb/Sinaí: Monte del llamamiento. Hermón: Monte de la conquista. El rocío de Hermón, copioso y fecundo, alimentar los manantiales de donde brota el agua que riega la tierra árida de Palestina. Nebo: Desde esta cumbre Moisés vio la tierra prometida, pero murió sin entrar en Canaán. Olivos: Monte del quebrantamiento. Es el monte donde Absalón se rebeló contra su Padre David intentando usurparle el trono. En este monte, Jesucristo se doblega en obediencia a su Padre Dios aceptando ser Rey en la Cruz. Moriah: Monte de la prueba. "Toma a tu hijo único, al que amas, a Isaac … y ofrécemelo allí en el holocausto". Jesús subirá a otro monte, donde Dios no perdonará su vida … Tabor: Monte de la alabanza y de la Transfiguración. Este monte, situado al sur de la cordillera del Antilíbano domina la llanura de Galilea. Sión: Monte del Gran Rey.
 

Décimo. Mujeres orantes, del Antiguo Testamento. Confianza en el Dios de la historia

En aquella sociedad en la que la mujer representaba la debilidad y la inferioridad respecto al varón, fueron ellas las que realizaron grandes hazañas, la experiencia de la debilidad es para nosotros algo negativo, en cambio la fuerza, el poder, nos hacen sentir lástima de aquellos a quienes vemos privados de eso que, para nosotros, significa plenitud. La Biblia nos dice que Dios escoge a los pequeños, las mujeres orantes del Antiguo Testamento, nos ayudan a descubrir los códigos secretos más significativos para nosotros, hoy nos presentan la historia como lugar de revelación y de encuentro con el Dios liberador de su pueblo, un Dios que no soporta la opresión de sus hijos, nos ofrece la alianza como clave de amor gratuito y fiel como posibilidad de unas relaciones fraternas y no del dominio, nos revelan la confianza en Dios y la esperanza mesiánica del pueblo de Israel. La mujer que Dios ha suscitado en el centro de la humanidad y de la Iglesia, una mujer fiel, un modelo de vida, una madre solícita. María condensa la memoria creyente de su pueblo y las virtudes de aquellas mujeres que brillan con luz propia en la historia de la salvación. "Cuando se trata de luchar por la causa de la mujer, hay que combinar fe y pragmatismo, prudencia y audacia, sin separar la esperanza de la astucia, ni la radicalidad de la flexibilidad".

Publicado: 10/07/2019: 1470
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