Sección litúrgica "Dóminus"

26 de enero: 3º domingo del Tiempo Ordinario

Sección confeccionada por el equipo responsable de la delegación de Liturgia

· UNA JORNADA ESPECIAL... ¡ES DOMINGO!

Monición de entrada
Aunque entre nosotros hay muchas diferencias, lo importante es que estamos unidos en Cristo. Lo demostramos al estar aquí congregados. Además, esta es la manera de reforzar todavía más esa unión. Sintámonos llamados por Jesús a la conversión, como los primeros discípulos a la orilla del lago, y estemos dispuestos a llevar una vida según la voluntad de Dios.

Oración de los fieles
1. Por la santa Iglesia de Dios, para que busque cada día con mayor afán el rostro de su Señor, y sus fieles se esfuercen en purificarse de todas sus faltas y pecados. Oremos.

2. Por los que gobiernan las naciones para que trabajen con interés y constancia por la paz y el bienestar de sus pueblos, a fin de que reine entre ellos la justicia y la paz. Oremos.

3. Por los que sufren la ausencia de Dios en sus vidas, para que el anuncio de conversión que Cristo nos ha transmitido ahora haga eco y llene el vacío de su corazón. Oremos.

4. Por nosotros, reunidos en torno al altar, para que seamos constructores del reino de Dios, según los dones que cada uno haya recibido. Oremos.

5. Por el incremento de las vocaciones sacerdotales y religiosas, especialmente en países que sufren por la falta de pastores que les guíen. Oremos.

Homilía
El pasaje del Evangelio del tercer domingo del tiempo ordinario concluye con las palabras: «Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo». Cerca de un tercio del Evangelio se ocupa de las curaciones obradas por Jesús durante el breve tiempo de su vida pública. Es imposible eliminar estos milagros o darles una explicación natural sin desmembrar todo el Evangelio y hacerlo incomprensible.
Los milagros en el Evangelio tienen características inconfundibles. Jamás están para sorprender o para ensalzar a quien los realiza. Hoy algunos se dejan encantar al oír a ciertos personajes que dicen poseer poderes de levitación, de hacer aparecer o desaparecer objetos y cosas por el estilo. ¿A quién sirve este tipo de milagro, suponiendo que sea tal? A nadie, o sólo a uno mismo para ganar adeptos y dinero. Jesús realiza milagros por compasión, porque ama a los demás: hace milagros también para ayudarles a creer. Obra curaciones para anunciar que Dios es el Dios de la vida y que al final, junto a la muerte, también la enfermedad será vencida y «ya no habrá luto ni llanto».

Jesús no es el único que sana, sino que ordena a sus apóstoles hacer lo mismo detrás de Él: «Les envió a anunciar el Reino de Dios y a curar a los enfermos» (Lc 9,2); «Predicad que el reino de los cielos está cerca. Curad a los enfermos» (Mt 10,7 s.). Encontramos siempre las dos cosas a la vez: predicar el Evangelio y curar a los enfermos. El hombre tiene dos medios para intentar superar sus enfermedades: la naturaleza y la gracia. Naturaleza indica la inteligencia, la ciencia, la medicina, la técnica; gracia indica el recurso directo a Dios, a través de la fe, la oración y los sacramentos. Estos últimos son los medios que la Iglesia tiene a disposición para «curar a los enfermos».

Lo malo empieza cuando se busca una tercera vía: la de la magia, la que hace palanca en pretendidos poderes ocultos de la persona que no se basan ni en la ciencia ni en la fe. En este caso o estamos ante pura charlatanería o --peor--- ante la acción del enemigo de Dios. No es difícil distinguir cuándo se trata de un verdadero carisma de curación y cuándo de su falsificación en la magia. En el primer caso, la persona jamás atribuye a poderes propios los resultados obtenidos, sino a Dios; en el segundo, la gente no hace más que alardear de sus pretendidos «poderes extraordinarios». Cuando por ello se leen anuncios del tipo: mago tal de no sé quién «llega donde otros fracasan», «resuelve problemas de todo tipo», «poderes extraordinarios reconocidos», «expulsa demonios, aleja el mal de ojo», no hay que dudar ni un instante: son grandes engaños. Jesús decía que los demonios se expulsan «con ayuno y oración», ¡no vaciando el bolsillo de la gente!

Pero debemos hacernos otra pregunta: ¿y quien no se cura? ¿Qué pensar? ¿Qué no tiene fe, que Dios no le ama? Si la persistencia de una enfermedad fuera señal de que una persona carece de fe o del amor de Dios por ella, habría que concluir que los santos eran los más pobres de fe y los menos amados de Dios, porque los hay que pasaron toda la vida postrados. No; la respuesta es otra. El poder de Dios no se manifiesta sólo de una manera -eliminando el mal, curando físicamente--, sino también dando la capacidad, y a veces hasta el gozo, de llevar la propia cruz con Cristo y completar lo que falta a sus padecimientos. Cristo redimió también el sufrimiento y la muerte: ya no es signo del pecado, participación en la culpa de Adán, sino instrumento de redención.
 

· REFLEXIÓN: '¿Para qué viene usted?', por Javier Leoz

Así recibió, el dueño de una casa, a un vendedor que decía ofrecer un producto excepcional, asombroso y a buen precio. El inquilino ni se molestó en seguir la conversación. Cerró la puerta….y a otra cosa mariposa. El Bautismo del Señor, y su recuerdo en la semana pasada, nos ponen ya en el punto de salida de la razón de ser de la venida de Jesús al mundo. ¿Para qué? Podemos preguntarnos creyentes. ¡Para que! Pueden exclamar los incrédulos o tibios.

1.- Ante la llegada de Jesús nadie puede quedarse indiferente. Su palabra, siempre va al grano, acompañada del ejemplo y de la radicalidad, empuja siempre a decantarse: o estamos con él, o lo dejamos de lado. La conversión, entre otras cosas, es el fin primordial de la misión de Jesús. A muchos no les interesa que, lo sustancial, cambie. ¿A qué viene usted? Pero, por otro lado, nos encontramos con leyes que convierten el bien en mal, el capricho de unos pocos en imposición general o el criterio mutante de una sociedad, que ha perdido el norte en muchos aspectos, se nos presenta como ¡el no va más! Como el gran logro de los tiempos modernos. Como si, ser innovador –por ejemplo- sea sinónimo de renunciar a la dignidad de la persona humana o al sentido común.
¿Para qué vino Cristo? Entre otras cosas para ser signo de contradicción. Su paz no la entendían los que vivían placidamente. Su poder, no lo asimilaban los que ostentaban su influencia para reprimir y humillar a los más pobres. Sus palabras, eran como una espada afilada que cortaba por lo sano el cuento y el disfraz de aquellos que, precisamente, se quedaban en palabrerías huecas e interesadas.¿Y todavía nos preguntamos para qué y por qué vino Jesús?
-Entre otras cosas para darnos un poco de luz. ¡Son tantas las tinieblas que nos sacuden actualmente!
-Para hacernos comprender que, con su muerte, la nuestra es una experiencia que todos la tendremos pero que acabará en mañana de resurrección.
-Para animarnos a volver de caminos equivocados. Para que nuestros corazones, atenazados y volcados en lo simple, se dirijan al que lo mueve con autoridad y empeño: ¡Dios!


2.- En este domingo, hermanos, también Jesús pasa por nuestro singular lago de Galilea: en el trabajo, familia, parroquia, noviazgo, sacerdocio, instituto, escuela o universidad, nos sigue diciendo “venid y seguidme”. Y es que, en esos ámbitos, es donde hemos de demostrar, y ya no tanto señalar cuanto vivir, que somos de los suyos. Jesús no ha venido para permanecer eternamente niño recibiendo adoración y presentes en Belén. El Señor se ha lanzado a la tierra para hacernos comprender que el camino del amor es una senda privilegiada que nos conduce al cielo. Para hacernos entender que, si Dios es Padre, también nosotros somos hermanos. Fue una persona entregada totalmente a su misión. ¿Lo somos nosotros? ¿Damos testimonio o somos altavoz de ese Jesús que decimos llevar dentro y que, en la iglesia, lo profesamos con un tímidamente “sí, creo”? “Verdades a medias, grandes mentiras”, dice un viejo adagio. Su misión es la nuestra. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Ser bautizados exige ponerse en movimiento. No contenernos a mitad de camino con un “bastante he hecho con bautizarme”. En el Bautismo, Dios, nos colocó sobre dos vías: en la vía de la esperanza y en la vía de la fe. Las dos hemos de recorrer y las dos hemos de elegir para llegar a contemplar cara a cara el rostro de un Cristo que se desgastará y que recibirá bofetadas, como tantos hombres y mujeres por predicar su nombre, las reciben en nuestro tiempo. Que nuestra verdad, ser cristianos, sea auténtica: sazonada por las buenas obras, animada por una confianza que nos hace dinámicos y alegres y completada por una caridad que nos convierte automáticamente en “otros cristos” que dan, lo que tienen y pueden, sin llevar cuenta de cómo y a quién lo ofrecen.

3.- Qué sugerente aquel encuentro de un creyente con un bondadoso. “Soy creyente pero me falta la capacidad para dar sin pensar lo que doy”. Y la respuesta del segundo; “dime, por favor, cómo ser creyente, porque yo doy pero me resulta difícil pensar en Dios”. Nuestro testimonio, nuestra alegría, nuestro encanto personal y eclesial. El firme convencimiento de lo que llevamos entre manos, nuestra perseverancia pueden ayudar, ¡y mucho! a este mundo que, aunque aparentemente reniegue de Dios, como apuntaba recientemente el Cardenal de Madrid, se encuentra triste y tremendamente solitario.
 

· ORACIÓN: Contigo, Señor, mis primeros pasos

CONTIGO, SEÑOR, MIS PRIMEROS PASOS
Para apoyarte en aquello que, para el mundo y para nosotros,
Tú tienes pensado
Y trabajar, sin desmayo ni tregua,
para que muchos o algunos encuentren su felicidad en Ti.

CONTIGO, SEÑOR, MIS PRIMEROS PASOS
Porque, cuando me dices “sígueme”
siento que, todavía, no te conozco lo suficiente
Que, soy cristiano sin saber lo qué significa
y que me da miedo seguirte por lo que ello implica

CONTIGO, SEÑOR, MIS PRIMEROS PASOS
Porque, cada día, nos das una oportunidad para seguirte
Una hora en la que decir “sí” o un “no”
Porque, siendo jóvenes, mayores o ancianos
Tú pasas por la orilla de nuestra vida
pidiendo algo tan grande como personas
que crean, esperen y te amén a Ti, Señor.

¿DARÉ MIS PRIMEROS PASOS, SEÑOR?
¿Dejaré algo por Ti?
¿Haré algo por tu Reino?
¿Sacaré mis excusas para quedarme sentado en lo mío?

¿CÓMO DAR MIS PRIMEROS PASOS, SEÑOR?
¡Ah! ¡Ya lo sé, Señor!
Dejando que Tú, conviertas todo lo que en mí, Señor
está un tanto desorientado y pervertido.
¡Gracias, Señor!

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