Sección litúrgica "Dóminus"

14 de enero de 2018, 2º domingo del Tiempo Ordinario

Sección confeccionada por el equipo responsable de la delegación de Liturgia

· Permanecer con Cristo

Juan Bautista presenta a Jesús como el “Cordero de Dios” para invitar a todo aquel que desea conocerlo. No lo muestra revestido de poder ni de gloria deslumbrante y cegadora; por el contrario, la imagen lo representa inocente, dócil, desprovisto de poder. El testimonio de Juan les sirve a sus discípulos para hacerse una idea de quién es Jesús; sin embargo, lo que les abrirá el deseo de seguirlo e imitarlo es el encuentro personal con el Maestro. Hoy vemos que muchos “siguen” a Jesús, pero son pocos los que se comprometen con el discipulado. Por eso, la pregunta que les formula el Señor a estos hombres es sobre lo que buscan.

En la misma dirección, en algún momento de su vida, cada creyente se ha cuestionado: “¿Qué busco al seguir a Jeeditorial 2º domingo durante el año 14 de enero de 2018 Año LXXXV - Nº 4574 ¡Hemos encontrado al Mesías! P. Fredy Peña Tobar, ssp. sús?”. Si sólo lo busca por curiosidad, interés intelectual o simplemente para rebatir lo que dijo o hizo, seguramente, se alcanzarán respuestas de todo tipo. Pero no resolverá la cuestión de fondo: qué significa encontrarse con ese Alguien. Los discípulos de Juan no están interesados en “teorías” sobre Jesús ni en especu - laciones sobre su enseñanza, sino que buscan entablar un lazo de intimidad y permanecer con él. A la hora de hacer el balance de su opción, tanto Andrés como Simón sintieron que valió la pena ir hacia Jesús y conocer cómo vivía. Aquella fue una oportunidad para superar la temporalidad, el tedio, la rutina, incluso el sufrimiento que desarticulaba toda esperanza, pero también una instancia esencial para tomar decisiones acertadas. En los tiempos que vivimos, por muchas razones, ese encuentro personal con Cristo puede perder su fuerza y vigor. No permitamos que suceda así, pues solo la renovación de ese “permanecer” con Cristo, el primer amor, nos lleva a mostrar a Jesús para que otros se salven.
 

· Lecturas y Evangelio

Primera lectura (1 Samuel 3, 3b-10. 19). Samuel había sido dedicado por sus padres, Ana y Elcaná, al servicio del templo. Hoy, a su corta edad, y dentro del contexto vocacional de este domingo, escucharemos la elección de Samuel para una gran misión.

Salmo responsorial (Salmo 39). El salmo 39 refleja la disposición que ha de tener uno que es llamado por Dios. Como una disposición personal al llamado de Dios a cada uno de nosotros.

Segunda lectura (1 Corintios 6, 13C-15A. 17-20): A partir de hoy, y durante cinco domingos, escuchamos una selección de la primera carta de San Pablo a los cristianos de Corinto. El pasaje que hoy escucharemos nos ofrece el pensamiento de Pablo sobre el cuerpo humano.

Evangelio (Juan 1, 35-42): Escucharemos a continuación el testimonio que Juan da sobre Jesús; testimonio que provoca también el llamado a otros más para seguir al Mesías.
 

· HOMILÍA

Juan reconoce a Jesús como el que tenía que venir.

El Bautista había venido para poner al pueblo en contacto no consigo mismo sino con Cristo. Empezó a ocupar el segundo puesto.Una y otra vez tenemos que profundizar en la figura de Juan para ver la capacidad de desprendimiento interior ante el Señor. Muy buenas enseñanzas podemos sacar de este personaje en nuestro mundo en el que se fomenta la competición en lugar de la colaboración, el ganar y ocupar los primeros puestos cueste lo que cueste, por encima del servicio desinteresado…

En ocasiones, vemos cómo este afán de sobresalir se da incluso dentro de las actividades cristianas: el que lleva toda la vida trabajando en la parroquia y quiere que todo pase por sus manos… El que ha pasado toda la vida dando catequesis y mira a los nuevos catequistas como invasores… El sacerdote que envidia los logros pastorales alcanzados por sus compañeros… El religioso o religiosa que no termina de aceptar a algún o algunos/as hermanas de comunidad…

Son aspectos del tema que Juan Bautista supo hacer hasta la perfección: saber ponerse en el segundo lugar para que Dios ocupe el primer puesto en nuestra vida y en la de los demás. Muchos fracasos pastorales se dan por este afán de protagonismo que no conducen hacia Dios sino al corazón estrecho del falso pastor.

Hay que estar con los ojos y el corazón bien abiertos para saber que seguir al Señor no es algo fácil, nunca lo ha sido. Sólo son auténticos seguidores de Jesús aquello que le anteponen a sus propias batallas interiores, a sus propios intereses y egoísmos. Lo demás son buenas intenciones…

· ¿Qué estoy buscando yo en mi vida cristiana?
· ¿Cuáles son mis propósitos y mis metas?
· ¿Cómo está presente el Señor en mi vida?

Algunas personas buscan en la fe cosas que la fe no puede ofrecer. Hay personas que se acercan buscando seguridad personal, cuando la fe nos da una seguridad interior arriesgada y siempre llena de tentaciones. Otros buscan hacer carrera: estar bien mirados, reconocidos y admirados… Los hay que quieren encontrar en la fe alguna clase de paz, pero no se atreven a combatir consigo mismos. La peores batallas que puede librar una persona son las guerras que tiene que combatir contra sí mismo.

Los discípulos de Juan llaman a Jesús "rabí", que quiere decir literalmente en hebreo "Mi grande". Es el título de respeto que daban los estudiantes y los buscadores del conocimiento a sus maestros y a los sabios. Nuestro mundo está lleno de grandes personas que quieren dignificar con su vida y su obra al ser humano, pero no olvidemos nunca que uno solo es nuestro auténtico Maestro.
La persona que quiera ser discípulo de Jesús no se dará por satisfecha con una palabra de pasada, sino que querrá tener un encuentro personal con Él.

La vida cristiana auténtica es la única realidad en la existencia que comienza llegando ya a la meta: a Jesús. Es cristiano quien ha descubierto en el interior de su morada a Jesús y, ya desde ese momento, toda su vida será un profundizar en Él. Y el Señor es tan inagotable que necesitamos la eternidad para seguirnos zambullendo en Él.

Hay personas que oyen hablar sobre Jesús, hablar de Jesús y hablan con Jesús, pero quizá no han experimentado en la profundidad de su corazón la fuerza de ese encuentro, de ahí que sean corazones débiles y vacilantes… El único encuentro que puede transformar la vida de un ser humano es el encuentro verdadero con Jesús, de ahí que los discípulos de Juan se quedasen con Él nada más encontrarlo.

El Evangelio nos hace referencia a la mirada de Jesús; una mirada que va al fondo de la vida, al corazón. Jesús no ve solamente lo que la persona es en el momento, sino también lo que puede llegar a ser. Ve en cada ser humano no sólo lo que hay en la actualidad, sino todo lo que puede llegar a ser si acepta encontrarse con Él y seguirle.

1. ¿Cómo afrontar las miserias humanas que tienen muchos personas que trabajan en la pastoral?
2. ¿Cómo saber si una persona está evangelizando bien?
3. ¿Qué actitudes tiene que tener un evangelizador del momento presente?
4. ¿Qué significa hoy "quedarse con Jesús"?
5. ¿Qué aspectos de la vida cristiana son los que más te cuestan asumir?
 

· REFLEXIÓN: 'PASEN Y VEAN', POR JAVIER LEOZ

Un reclamo publicitario “pasen y vean” con un objetivo: que aquello que los ojos ven, el corazón o los sentidos, tengan necesidad de ello.

1.- ¿Dónde encontrar hoy a Jesús en medio del ruido, rascacielos o de tantas ofertas que nos seducen a primera vista, más que las palabras del evangelio? ¿Cómo dar con ese Señor que en su invitación “venid y lo veréis” no desea otra cosa sino que tengamos experiencia personal con Él y de Él? Difícil lo tenemos. ¡Hay tantas puertas y con tantas voces que nos invitan a descubrir otros horizontes que no sean los de la fe! ¡Existen tantas ideologías que establecen y manipulan nuestros caminos! ¡Es bueno, para toparnos con Jesús, romper con aquellas barreras de superficialidad que nos empujan a nadar sobre aguas peligrosas o a caminar sobre tierras movedizas. Y, además de romper con la trivialidad, también sería positivo en nuestro intento de descubrir y de estar más unidos a Cristo, desgajarnos de los miedos que nos atenazan; de divorciarnos de esos temores que paralizan esa santa curiosidad que hemos de poseer todo cristiano: ¿Dónde vive Jesús? ¿Qué hemos de hacer para vivir con Él y en Él? ¿Qué conllevará el ser amigo del Señor?

2.- Muchas veces, desde una óptica meramente social y en detrimento de la espiritual, se nos ha contestado que Jesús está y vive entre los pobres, en los perseguidos, en los que no tienen pan, en los ajusticiados o difamados, en los abatidos o marginados, etc. Pero…no es menos verdad que, al Señor, lo hemos de buscar en la escucha frecuente de su Palabra. En la oración personal o comunitaria. En la contemplación y celebración de sus Misterios.

No es bueno, que dejándonos llevar por ideologías predominantes, reduzcamos nuestra búsqueda de Jesús por conductos exclusivamente tamizados con el compromiso humanista, social o caritativo. Es más; cuando uno alcanza una experiencia, cara a cara, con Aquel que es salvación y vida, a continuación se siente enviado y obligado a trabajar por aquellas personas que padecen esas situaciones de extrema gravedad y a descubrir en ellas el rostro doliente de Jesús.

3.- En cuántos momentos y acciones, sin darnos cuenta, nos podemos quedar en una exploración de Jesús puramente humana (no divina). En una opción por el bienestar material (no espiritual) o en un mejorar los aspectos externos de la humanidad olvidando su identidad cristiana.

Hoy al preguntar a Jesús “¿dónde vives, Señor?” sería bueno el reafirmar nuestro compromiso cristiano. Jesús vive en medio de nosotros y muy especialmente con su presencia real en la Eucaristía. Le pidamos de todo corazón que permanezca junto a nosotros y que, los caminos que elijamos para buscarle, sean senderos de comunión, de fe, de conversión y de esperanza fundamentados en el Evangelio.

4.- ¿Dónde vives, Señor? Que la respuesta de Jesús no sea la que tantas veces pretendemos: en el camino fácil, en el todo vale, en el hacer simplemente el bien, en una Iglesia a nuestra medida, descafeinada o en un Evangelio sesgado o dulcificado para según quién , cómo y cuándo.

Y es que, el Señor, es quien nos debe de indicar dónde vive, como vive y de qué forma vive.
¡Pasemos…y veamos!

5.- IRÉ CONTIGO, SEÑOR
Para sabiendo y viendo dónde vives y  cómo vives
vivir para Ti, contigo y para los  demás.
Porque, mis días, no siempre están  colmados de vida
ni, mis labios, desgranan palabras  de verdad
Porque, mis caminos, no siempre son  los tuyos
ni, mis verdades, son la Verdad de  tu Reino.

IRÉ  CONTIGO, SEÑOR
Para servirte anunciando tu  Evangelio
y, pregonándolo de balde,
saber que es lo más grande que me  puede ocurrir
lo más grandioso que, en tu nombre,  yo puedo hacer.

IRÉ  CONTIGO, SEÑOR
Y, donde tú vayas, contigo y por Ti  lo haré:
Si hay sufrimiento, seré mano  tendida
Si brota el llanto, desdoblaré el  pañuelo de mi consuelo
Si no amanece, irradiaré la luz de  tu presencia.

IRÉ  CONTIGO, SEÑOR
Porque, ir agarrado de tu mano,
es sentir que el cielo me aguarda
Es creer en un mañana mejor
Es añorar esa Ciudad sin lágrimas ni  dolor.

IRÉ  CONTIGO, SEÑOR
Y, cuando vea dónde y cómo vives,
sabré que el AMOR lo puede todo
entenderé que el AMOR lo vale todo
comprenderé que el AMOR lo inunda  todo.

IRÉ  CONTIGO, SEÑOR
Porque, vivir dónde tú vives
es tal vez, y con mucho, el mejor  lugar
donde ser feliz y permanecer para siempre
Amén.