Sección litúrgica "Dóminus"

27 de mayo: Domingo de la Santísima Trinidad

Sección confeccionada por el equipo responsable de la delegación de Liturgia

"Con la oración, Jesús, nos señala la vía que hemos de escoger para no perdernos en las noches oscuras de la vida"
· Una jornada especial... ¡Es domingo!

Santísima Trinidad
Iniciado ya el Tiempo Ordinario, este domingo está dedicado a la Santísima Trinidad. Y con ello nos disponemos a rendir adoración a un Dios revelado por Jesucristo y que, junto al amor como substancia principal, sabemos que hay una sola naturaleza y tres personas. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo constituyen una realidad familiar y cercana para nosotros. Con el ingrediente del amor es mucho más fácil entender un misterio que, tal vez, supere la propia medida de la fe, aunque no la del amor.
 

· Hoy celebramos...

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Sed todos bienvenidos en este día –sin duda grande-- que conmemoramos al Dios Trinitario. Año tras año, al comenzar la segunda parte del Tiempo Ordinario, celebramos el domingo de la Santísima Trinidad. Ante la Trinidad Santa deberíamos abrir un silencio gozoso en nuestras almas, pues solamente con esta actitud podremos comprender que la Santísima Trinidad no es una verdad pasada de moda, sino un misterio que nos hace vivir. En esa oración fraterna y milagrosa que es la Eucaristía, aparece la Trinidad Santa continuamente. Por ello hemos de estar, también, muy atentos a la revelación clara que, en torno a la Trinidad, se nos presenta en todas nuestras celebraciones y especialmente en la administración de los sacramentos. La Trinidad es principio y fin. Es amor infinito. Además, hoy, celebramos la jornada Pro Orantibus, dedicada a los religiosos y religiosas que, desde la clausura, rezan por todo y todos, teniendo muy presente a Teresa de Jesús. Es fácil relacionar este día del amor Trinitario con el amor de los consagrados. En fin, damos los primeros pasos del Tiempo Ordinario que nos acompañará en nuestro recorrido litúrgico hasta el 2 de diciembre en que invocáramos, una vez más a la Trinidad Santísima, en el Primer Domingo de Adviento.
 

· Reflexión: 'El mejor amigo', por José Antonio Pagola

En el núcleo de la fe cristiana en un Dios trinitario hay una afirmación esencial. Dios no es un ser tenebroso e impenetrable, encerrado egoístamente en sí mismo. Dios es Amor y solo Amor. Los cristianos creemos que en el Misterio último de la realidad, dando sentido y consistencia a todo, no hay sino Amor. Jesús no ha escrito ningún tratado acerca de Dios. En ningún momento lo encontramos exponiendo a los campesinos de Galilea doctrina sobre él. Para Jesús, Dios no es un concepto, una bella teoría, una definición sublime. Dios es el mejor Amigo del ser humano.

Los investigadores no dudan de un dato que recogen los evangelios. La gente que escuchaba a Jesús hablar de Dios y le veía actuar en su nombre, experimentaba a Dios como una Buena Noticia. Lo que Jesús dice de Dios les resulta algo nuevo y bueno. La experiencia que comunica y contagia les parece la mejor noticia que pueden escuchar de Dios. ¿Por qué?

Tal vez lo primero que captan es que Dios es de todos, no solo de los que se sienten dignos para presentarse ante él en el Templo. Dios no está atado a un lugar sagrado. No pertenece a una religión. No es propiedad de los piadosos que peregrinan a Jerusalén. Según Jesús, "hace salir su sol sobre buenos y malos". Dios no excluye ni discrimina a nadie. Jesús invita a todos a confiar en él: "Cuando oréis decid: ¡Padre!".

Con Jesús van descubriendo que Dios no es solo de los que se acercan a él cargados de méritos. Antes que a ellos, escucha a quienes le piden compasión porque se sienten pecadores sin remedio. Según Jesús, Dios anda siempre buscando a los que viven perdidos. Por eso se siente tan amigo de pecadores. Por eso les dice que él "ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido".

También se dan cuenta de que Dios no es solo de los sabios y entendidos. Jesús le da gracias al Padre porque le gusta revelar a los pequeños cosas que les quedan ocultas a los ilustrados. Dios tiene menos problemas para entenderse con el pueblo sencillo que con los doctos que creen saberlo todo.

Pero fue, sin duda, la vida de Jesús, dedicado en nombre de Dios a aliviar el sufrimiento de los enfermos, liberar a poseídos por espíritus malignos, rescatar a leprosos de la marginación, ofrecer el perdón a pecadores y prostitutas..., lo que les convenció que Jesús experimentaba a Dios como el mejor Amigo del ser humano, que solo busca nuestro bien y solo se opone a lo que nos hace daño. Los seguidores de Jesús nunca pusieron en duda que el Dios encarnado y revelado en Jesús es Amor y solo Amor hacia todos.
 

· Reflexión: '¿Cómo? ¡Sí! ¡Trinidad!', por Javier Leoz

1.- Misterio, fiesta, gloria, cielo, común unión, complicidad o “los tres a una” pueden definir perfectamente esta primera Solemnidad que celebramos dentro del Tiempo Ordinario recién retomado después de la Pascua.

- Misterio. Nunca llegamos a alcanzar lo que representa y es en sí misma la figura de Dios. Difícil estamparlo en un dibujo e, incluso, de mil maneras puede ser posible pensarlo y pergeñarlo en nuestra mente. Pero lo cierto es que, soñar con Dios, significa pensar en Él en el día a día sabiendo que Dios, ante todo es familia y que va mucho más allá de nuestras categorías humanas o divinas que podamos establecer sobre Él. Un Misterio que, no obstante, se hace cercano aunque aparentemente sea indescifrable.

- Fiesta. Porque, después de la Pascua, todo apunta y despunta en la Santísima Trinidad. Hacemos fiesta y alabanza porque, en ese secreto indescifrable, sabemos que se encuentra la magnanimidad de Dios que es Padre, que se visualiza con el Hijo y que permanece en nosotros con el Espíritu Santo. No se rompe ni mucho menos pero, siendo tan diferentes, son misma esencia. Fiesta porque, un cristiano, disfruta cantando, alabando y bendiciendo a la Trinidad que habita en lo alto del cielo.

- Gloria. Destinados, desde el Bautismo, a participar de la misma suerte de Cristo no concebimos el final de nuestra historia sin el mismo final que Jesús tuvo después de su Ascensión: visionar cara a cara la gloria del Padre. Ese es nuestro triunfo y nuestro reto: que nada ni nadie nos aparte de la gloria del Padre. Que las “pequeñas glorias del mundo” no nos alejen de aquella auténtica y definitiva que nos aguarda en la eternidad. O dicho de otra manera: ojo con los “trinos del mundo” y miremos mucho más al que es UNO Y TRINO en el cielo.

- Común unión. Es el secreto más profundo y vigoroso de la Santísima Trinidad. Es el aceite que hace posible que, el motor, se mantenga a punto. No se entiende el “feeling” entre los tres personajes de la Santísima Trinidad si no es por el amor que existe entre ellos. No es cuestión de caerse bien o mal. Las tres personas, Padre, Hijo y Espíritu, no se entienden de forma individual. Están unidos por el amor y, ese amor, es la razón de su ser.

- Complicidad. Lo reconocemos en las múltiples manifestaciones que Dios ha tenido a lo largo de la historia de la humanidad. El Padre, hablo por el Hijo. Se encarnó y ha compartido con nosotros su humanidad (pequeño y hombre en Belén); hemos visto su cara solidaria, ha curado enfermos, levantado muertos de su fosa, devuelto la vista a los ciegos y el oído a los sordos. La complicidad de las tres personas se manifiesta en algo real y palpable: los tres a una llevan a cabo la obra de la redención del hombre.

2.- Nuestra fe, hoy más que nunca, contempla a un Dios comunitario. A un Dios familia. A un Dios que disfruta siendo Padre, Hijo y Espíritu. Un Dios que, entre otras cosas, nos promete un final feliz donde brillarán nuestros ojos al contemplar –entonces sin secretos, acertijos o laberintos- la inmensidad de su rostro divino. Pidamos al Dios que no nos deje de sorprendernos. Que, en cada amanecer, en cada eucaristía, en la lectura de su Palabra, en la práctica de los sacramentos, en la próxima procesión del Corpus Christi se nos vaya revelando y, a la vez, velando para que nunca dejemos de tener apetito de Él, curiosidad por El y amor por El.

3.- ¡QUIEN TE DESCUBRIERA, MI DIOS!
Tan Único y, a la vez tan  distinto
como Padre, Hijo y Espíritu  Santo
pero, sabiendo que el AMOR,
puede interpretar tan gran  secreto.
Eres el Dios con nosotros y,  todavía,
andamos empeñados en caminar  solos
en creer y vivir  incomunicados
en amarnos, más a nosotros  mismos,
que disfrutar dándonos a los  demás.

¡QUIEN  TE DESCUBRIERA, MI DIOS!
Como Alguien que no alcanzo  a entender
pero, como Alguien, que vive  conmigo
que se ofrece en un misterio  de Tres personas
que habla con la fuerza y la  autoridad del Padre
que ama con las manos y el  cuerpo del Hijo
que quema con el fuego del  Espíritu Santo

¡QUIEN  TE DESCUBRIERA, MI DIOS!
Como Dios verdadero, único e  indiviso
Como Dios futuro,
pero presente en nuestras  tribulaciones
Como Dios familia, y  llamándonos a la comunión
Como Dios que busca la  unión, y no la dispersión

¡GRACIAS,  SEÑOR!
No eres un Dios solitario
No eres un Dios cerrado
No eres un Dios  independiente

¡GRACIAS,  SEÑOR!
Porque, en tu intimidad,
sabes desplegarte en tres  personas tan distintas
pero en un mismo Dios  verdadero
¡GRACIAS,  SEÑOR!