Sección litúrgica "Dóminus"

24 de marzo: 3º domingo de Cuaresma

Sección confeccionada por el equipo responsable de la delegación de Liturgia

· Una jornada especial... ¡Es domingo!

El domingo de la Conversión
Jesús, hoy, nos pide directamente que nos convirtamos, que no vivamos dominados por un ambiente que nos aleja de la paz, del amor, de la solidaridad, de la esperanza… Estamos a la mitad de la Cuaresma y es un buen momento para recapacitar y ver cómo van nuestros esfuerzos de conversión. Sabemos que Dios nos ayuda y tiene paciencia con nosotros, como el viñador con la higuera… se puede esperar todavía antes de cortarla.

Este es el día del Señor, este es el día de la misericordia”. Así reza uno de los himnos de Laudes que se nos propone para este tiempo de Cuaresma. El día del Señor, es el tiempo de la misericordia, o lo que es lo mismo, el tiempo de la misericordia del Señor. No hay ninguna razón, ni siquiera un precepto religioso, que pueda servirnos de excusa para, con un corazón misericordioso , salir al encuentro de aquellos que sufren. El proyecto del Reino es un proyecto humanizador, en el que la defensa de la vida, y de la dignidad de la persona, es una opción prioritaria.
 

· Hoy celebramos...

Para reflexionar
Esperaré a que crezca el árbol
Y me dé sombra
Pero abandonaré la espera  con mis hojas secas.
Esperaré a que brote el manantial
Y me de agua.
Pero despejaré mi cauce
De memorias enlosadas.
Esperaré  a que apunte
La aurora y me ilumine.
Pero sacudiré mi noche
De postraciones y sudarios.
Esperaré a que llegue
Lo que no sé y me sorprenda.
Pero vaciaré  mi casa de todo lo enquistado.
Y al abonar el árbol
Despejar el cauce,
Sacudir la noche
Y vaciar mi casa,
La tierra y el lamento
Se abrirán a la esperanza.


Para vivir la Cuaresma
Para no perder el rumbo esta Cuaresma, encontrarás a continuación 21 sencillas recomendaciones:

1. Procura ser amable con las personas con quienes convives.
2. Haz un esfuerzo por dialogar en familia sobre aquellos asuntos que convienen al espíritu familiar.
3. Sé atento con tus semejantes. Y si conduces, hazlo cristianamente.
4. Recorta las horas de televisión y el tiempo dedicado a las redes sociales de Internet. En cambio, amplía las de reflexión y oración.
5. Haz alguna lectura que te ayude a profundizar tu fe.
6. Controla tus apetitos: dulces, refrescos, tabaco, alcohol y sé más libre.
7. Dedica algún tiempo diario a la lectura de la Palabra de Dios.
8. Lucha contra el malhumor y la tristeza. Saborea lo bello de la vida.
9. Presta mayor atención a las personas que a las cosas. En especial, quienes más lo necesitan: ancianos, enfermos, necesitados. Trátalos con cariño.
10. Comparte tu dinero un poco más con otros que tienen menos, a costa de caprichos, chucherías, aperitivos,  etc.
11. Mejora en el trabajo, consciente de tu ideal cristiano.
12. Cuida la naturaleza como don de Dios, evitando todo desorden y reciclando el plástico, el cartón y el cristal en sus respectivos contenedores.
13. Evita la crítica negativa, viendo y hablando de lo positivo que puedes descubrir en cada semejante.
14. Disminuye el consumo de alcohol y si alguien cercano se excede, ayúdale a planteárselo e intentar superar el vicio.
15. Fomenta la paz a tu alrededor. Prescinde de enfados, violencias, malos modales, groserías, insultos, etc.
16. Participa más en los actos y celebraciones de la Comunidad y de los Sacramentos.
17. Di la verdad. Habla claro, sin hipocresías ni mentiras.
18. Intenta hacer felices a los tuyos, con tus detalles y cariños.
19. Reduce tu tiempo de uso del smartphone y minimiza el envío de whatsapps innecesarios.
20. Haz un propósito concreto, signo principal de tu ejercicio cuaresmal, de tu primera atención; y participa en todas las celebraciones de Cuaresma y Pascua.
21. Si te es posible, realiza un retiro Cuaresmal. Ponte en silencio para meditar delante del Señor y pregúntale qué es lo que quiere de ti, qué es lo que espera de ti en tus circunstancias actuales.
22. Proponte los viernes de Cuaresma un viacrucis en la parroquia ayuda a que se celebre y asiste
23. Celebra el Sacramento de la Reconciliación.
24. Si tienes enemistad con alguien de la comunidad, pide perdón. Acércate y ofrécele tu mano
25…
 

· Reflexión: 'Por oportunidades, que no quede', por Javier Leoz

Las tres lecturas que vamos a escuchar cobran muchísima fuerza. nos sirven para iluminar este domingo donde, a las claras, contemplamos el rostro de un Dios que es cercano, afable, paciente y misericordioso

1.- Condujo en diversas circunstancias, con patriarcas y profetas, a un pueblo al que amaba con locura y, ahora con Cristo, de nuevo sale a nuestro paso para infundirnos valor. Espera nuestro retorno, aunque constantemente hagamos ademán de vivir sin Él. En multitud de ocasiones, como aquel pueblo dirigido por Moisés también corremos el peligro de mirar hacia atrás. De pensar que, lo que abandonamos, es mejor que aquello que nos aguarda en la Tierra Prometida. ¿Es así o no? ¿O acaso no pensamos que, en algunos momentos, es mucho lo que situamos a un lado por seguir a Jesús? ¿Es pérdida o ganancia creer en El? ¿O es que, en algunos instantes, no dudamos si Dios está al frente de nosotros o que caminamos huérfanos y sin rumbo?

2.- Cuando nos asomamos a la ventana de tantos desastres humanitarios o terrestres y podemos concluir que, Dios, parece haberse desentendido del mundo. ¿Es así? Por supuesto que no. Dios sufre con el pueblo que sufre; Dios tiembla, con el pueblo que tiembla; Dios llora, con el pueblo que llora. Y, además, en esos avatares de destrucción, le inyecta valor y fe para superar aquellas realidades difíciles que surgen en contra de la felicidad del propio hombre. El pueblo de Israel las padeció (y contó con el auxilio de Dios) y nosotros, como pueblo de la Nueva Alianza, seguimos soportando diversas encrucijadas y el Señor no deja de alentarnos para que, nuestro existir, tenga una cabeza, una fuerza que nos impulse avanzar: nuestra confianza en EL. Las situaciones que nos aquejan preocupan o escandalizan (por ejemplo los que viven sin cruz pero se burlan de ella, los que no frecuentan la eucaristía pero no dudan en deslizarse en un templo con su pecho descubierto o los que no rezan pero son capaces de mancillar el padrenuestro lejos de acobardarnos nos ha de instruir en una dirección: ser pacientes, fuertes y sabedores de que el Señor siempre saca, hasta del estiércol, cosas buenas.

3.- En el Miércoles de Ceniza, el Señor, nos invitó a la conversión. Nos recordó que éramos su viña. Pueblo de su propiedad. Nación consagrada. Y que, esa viña (con higuera incluida) ese pueblo o nación, han de ser cuidados con la oración, la penitencia o la caridad. ¿Cómo van esos propósitos? ¿Hemos avanzado en algo? ¿Hemos salido del vacío para llenar nuestra vida de contenido? ¿Hemos socorrido alguna necesidad material o espiritual? ¿Nos hemos alejado de algunos aspectos extremadamente opulentos, artificiales o superficiales? ¿Somos conscientes de la variedad de oportunidades que Dios nos da para realizarnos? La Cuaresma avanza y los frutos han de aflorar por las miradas de nuestros ojos (¿son para Dios?). Por las yemas de nuestros dedos (¿Buscan el bien de los demás?) Por la sinceridad de nuestras palabras (¿Buscan y propagan la verdad?).

4.- Dios sigue esperando, y mucho, de nosotros. No siempre saldrán las cosas como nosotros pensamos y como Dios merece. Pero la realidad es esa: Dios nos quiere optimistas y no derrotistas y en el camino de la fe. Aún en medio de dudas y de complicaciones, de pruebas y de sufrimientos no sólo espera de nosotros mucho sino que, además, se compromete para que como propietario de la viña de la que formamos parte, sigamos sembrando ilusiones y esperanzas, el evangelio y sus mandamientos allá donde estemos presentes. No podemos quedarnos de brazos cruzados. El riesgo de muchos de nosotros, de los que nos decimos cristianos, es que nos conformemos con ser simples ramas de un frondoso árbol. Es decir; que cobijados o justificados bajo el paraguas de un Dios tremendamente bueno, renunciemos a mostrar la mejor cara de nuestra vida cristiana. A ser pregoneros de su presencia en un mundo que le margina. A ser defensores de los valores del Evangelio en una atmósfera colapsada por tantas palabras mediocres, baratas e insensatas. En definitiva: no nos limitemos a llevar una vida cristiana en tono menor.

5.- ¿QUÉ FRUTOS, SEÑOR?
Me  pides confianza y, por lo que sea,
prefiero  mirar hacia atrás
que  saborear y soñar con lo que en Ti me espera
Deseas  el fruto de mi constancia y, a la menor,
me  dejo enredar por los hilos de la pereza,
la  tibieza o las dudas, la fragilidad o la torpeza.
Sueñas  con un futuro bueno para mí,
y me  encuentras soñando con otras cosas
con  otras instancias que no son las tuyas
con  una tierra muy distinta a la que Tú me ofreces.
Estoy  en la higuera, pero la higuera de mi vida,
no  siempre fructifica en lo santo, noble y bueno.
Miras  a las ramas de mis días
y,  lejos de comprobar cómo despuntan sus yemas
me  limito a vivir bajo mínimos,
a dar  aquello que me conviene y no me molesta
a  fructificar, poco o nada, si no es beneficio propio.

¿QUÉ FRUTOS, DARTE, SEÑOR?
Mira  mi miseria,
y  dejándome arrastrar por tu riqueza
ojala  recojas de mí aquello que a tu Reino convenga
Acoge  mi buena voluntad,
y  lejos de echarme en brazos de la vanidad
descubra  que, sólo Tú y siempre Tú,
eres  la causa de lo bueno que brota en mí.
Perdona  mi débil cosecha,
y,  sigue sembrando Señor, para que tal vez mañana
puedas  despertar, descubriendo en mí
aquello  que, hoy, brilla por su ausencia:
frutos  de verdad y de amor
de  generosidad y de alegría
de fe  y de esperanza
de  confianza y de futuro
de  vida y de verdad.
Y no  te canses, Señor, de visitar tu viña,
tal  vez hoy, puede que no,
pero mañana,  con tu ayuda y mi esfuerzo,
brotará  con todo su esplendor
la  higuera de mi vida
Amén.