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CAMPO
FREIRE X. O., La viudez en la
Pastoral de la Salud,
Encrucillada, Santiago de Compostela, 2007
La viudez, tarde o
temprano, llega a
todas las casas. Pero no se nace
viudo o viuda. Es la
resultante de un proceso traumático y
doloroso del que se tarda bastante
en recomponerse de una manera
apropiada.
Como
en todos los sufrimentos, también
a la viudez se le convierte
en un grupo invisibilizado, pues
así, apartándolos, no molestan. Ya
ellos y ellas,
como todos los que sufren,
tienen de por si tendencia a aislarse
en sus soledades.
En la
sociedad actual resulta obsceno traer a primer plano
las realidades sufrientes, salvo que
sea para el regusto morboso de vivir sensaciones
fuertes y enfermizas y
que proporcionen abundantes
beneficios económicos en los
programas llamados ‘de la
basura’.
En España son
2.600.000 y en Galicia,
sobrepasan las 200.000. Su
realidad es muy diversa
y polifacética. Y estamos
hablando de familias, con huérfanos
incluídos, ¿no es así? Como
dice el Papa Juan
Pablo II, las las
viudas y viudos son cabeza de familia. Son familia. Por
veces bien numerosa. Son responsables
de la comunidad educativa y mismamente
son
familia de acogida
para ascendentes, descendentes, parientes
próximos o allegados por diversos vínculos. Pero
la sociedad actual no les da
tal consideración. ¿Y en la Iglesia?
Conviene realizar un acompañamiento
bien cercano de estas
realidades. Por eso fueron naciendo
con autonomía los movimientos
viudales.
La pastoral
familiar está muy inclinada
hacia la pastoral matrimonial.
La verdad es que ni
ella se ocupa mucho de
este sector ni ellos gustan
mucho de esos
programas generales, que por veces les dan
más penas, pues ya no son
matrimonio.
La Pastoral de
la Salud tiene
un acercamiento más apropiado,
por lo mucho que puede aportar
especificamente en este acompañamiento
y también en la creación de grupos de ayuda,
que coma Jesús, sepan
situarse cerca de ellos
y de ellas y produzan efectos sanantes, saludables
y salvadores.
Pero también
precisan estar presentes e interaccionando en
las programaciones generales de
la
pastoral diocesana y de la parroquial. La Iglesia universal debe contar
necesariamente con ellos. Incluso por número.
Los discursos
generalistas que se vienen proponiendo no son
apropiados. Conviene una nueva
espiritualidad, específica, viudal. Ni la esposalidad ni
el proyecto esposal fueron
arrebatados por la muerte: “Prometo
serte fiel
sin
que la muerte nos separe.” Perviven, incluso, cuando aparece un nuevo
compromiso matrimonial, que debe aceptar y respetar
la continuidad y pervivencia de cuanto sacramentalmente
fue comenzado pero permanece inacabado.
Y de esto son testigos privilegiadas, personal
y familiarmente, los huérfanos y huérfanas.
¡Qué bien cuando así
es y así ocurre!
Con estas
inquietudes fue escrito este libro que ahora, de
la mano de Encrucillada, se
ofrece modestamente a la Pastoral de la
Salud, a la comunidad huérfano-viudal,
a las Asociaciones de Viudas,
a las parroquias y a las dióceses de
nuestra Galicia. Y, desde
ellas, a España y mismo
a la Iglesia universal.
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